En un escenario marcado por la crisis del multilateralismo, la presión financiera y las transformaciones aceleradas del mundo del trabajo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) abrió este miércoles 23 de septiembre una instancia de diálogo con quienes aspiran a ocupar su Dirección General para el período 2027-2032.
Yolanda Díaz, de España; Gilbert F. Houngbo, de Togo, y Javier González-Olaechea Franco, de Perú, presentaron sus visiones y respondieron preguntas de representantes de gobiernos, empleadores y trabajadores. La instancia buscó poner en discusión las prioridades que deberá afrontar la organización en los próximos años.
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Crisis, financiamiento y el rumbo de la OIT
La situación financiera de la organización ocupó un lugar central en las intervenciones. Díaz sostuvo que la OIT atraviesa una crisis que requiere respuestas inmediatas y una estrategia de diversificación de sus fuentes de financiamiento. “La primera, lo que tenemos que hacer, por ser muy pragmática, es resolver la gravísima crisis financiera que arroja esta casa”, afirmó, y planteó como prioridades garantizar la liquidez y desarrollar mecanismos alternativos que permitan sostener los mandatos de la organización.
La candidata española también propuso explorar el vínculo con bancos regionales de inversión y avanzar en mecanismos de cooperación Sur-Sur y triangular, aunque bajo una gobernanza que preserve la autonomía y el mandato de la OIT. En su presentación señaló que la organización enfrenta, además de la crisis financiera, un retroceso de los derechos laborales y una crisis de productividad.

Por su parte, al actual Director General del organismo, ubicó la estabilidad financiera dentro de un proceso más amplio de reforma institucional. Entre sus prioridades señaló la necesidad de completar la reforma iniciada y asegurar la viabilidad de la organización a mediano y largo plazo. “Nuestra prioridad más inmediata es la estabilidad financiera de esta organización, a través de la reforma que hemos empezado a lanzar”, sostuvo. González-Olaechea Franco también vinculó el futuro institucional con la sostenibilidad financiera y con la necesidad de obtener resultados concretos: “Propongo una OIT que sea financieramente sostenible”.
Trabajo decente, derechos laborales y normas
El mandato histórico de la OIT apareció como otro de los ejes de las tres candidaturas. Díaz recuperó la Declaración de Filadelfia para plantear que sus principios mantienen vigencia frente a la actual crisis del multilateralismo. “Estos dos mandatos, en plena crisis del multilateralismo, están hoy más vigentes que nunca”, afirmó, en referencia a la idea de que no existe paz duradera sin justicia social y a que el trabajo no debe ser considerado una mercancía.
En materia normativa, la actual ministra de Trabajo española planteó avanzar en nuevos instrumentos internacionales sobre cuidados, cadenas de suministro, transición justa, migraciones y derechos vinculados con la transformación tecnológica. También propuso actualizar los principios y derechos fundamentales mediante una nueva carta de derechos laborales. En paralelo, destacó la necesidad de reforzar la negociación colectiva y la libertad sindical: “Más negociación colectiva, más negociación colectiva y más negociación colectiva”.
Houngbo ubicó los principios y derechos fundamentales en el centro de su visión y los articuló con los cuatro pilares de la Agenda de Trabajo Decente: protección social, empleo, empresas y diálogo social. “Los principios y derechos fundamentales en el trabajo son nuestro objetivo principal”, afirmó. En su planteo, el fortalecimiento institucional debe combinar el mandato normativo con la capacidad de la organización para responder a los cambios económicos y tecnológicos.

González-Olaechea Franco estructuró su propuesta alrededor de cuatro pilares: “Normas y derechos, empleo, protección social y diálogo social”. Al abordar el cumplimiento de los instrumentos existentes, sostuvo que los países que ya ratificaron convenios deben comenzar por hacer efectivos esos compromisos mediante sus legislaciones y políticas públicas. “¿Por qué deberíamos abarcar más si, con lo menos, no estamos al día?”, planteó.
Inteligencia artificial y la transformación del mundo del trabajo
La aceleración tecnológica fue otro de los puntos de coincidencia del diálogo. Para Díaz, la inteligencia artificial debe estar acompañada por mecanismos de gobernanza que preserven el control humano y permitan compatibilizar innovación, productividad y derechos laborales. “La inteligencia artificial, su gobernanza, tenga una supervisión y un control humano”, sostuvo, al plantear también la necesidad de abordar la gobernanza algorítmica y las transiciones justas.
Houngbo propuso que la OIT asuma un papel de referencia internacional frente a estos procesos. “Queremos que la OIT se vuelva la referencia internacional en lo que se refiere a la dimensión laboral de la inteligencia artificial y de los cambios tecnológicos”, señaló. Entre sus propuestas incluyó la creación de un grupo de expertos de alto nivel, integrado por científicos, especialistas del sector privado y representantes de los mandantes tripartitos, para analizar las implicancias de estas transformaciones sobre el mundo del trabajo.
González-Olaechea Franco presentó la transformación tecnológica como parte de una transición más amplia hacia una “era disruptiva”. En su visión, la respuesta debe anticipar los cambios y preparar a trabajadores y sistemas productivos para nuevas competencias. “Cuando un perfil laboral cambia o desaparece, el camino no debe ser empleo, desempleo, precariedad y exclusión. Por el contrario, debe ser transición, capacitación, empleo y formalización”, sostuvo.

El candidato peruano también planteó que la formación y las competencias actuales resultan insuficientes frente a las transformaciones previstas y propuso una alianza tripartita para identificar las capacidades necesarias para las actividades productivas emergentes. En esa línea, defendió mecanismos permanentes de diálogo que permitan anticipar cambios y acompañar procesos de reconversión laboral.
El diálogo social como eje del tripartismo
El diálogo social atravesó las tres presentaciones como una herramienta para responder a los cambios del mundo laboral. Díaz lo vinculó con la necesidad de preservar un equilibrio entre trabajadores y empleadores y recordó su experiencia en acuerdos de diálogo social en España.
Para Houngbo, el tripartismo constituye una de las principales capacidades de la organización para construir consensos. “Sin diálogo social no se puede construir un consenso en favor del cambio”, sostuvo, y definió como una de sus prioridades la construcción de puentes y confianza en un contexto internacional marcado por una creciente polarización.
González-Olaechea Franco propuso, en tanto, que el diálogo social incorpore mecanismos permanentes capaces de anticipar las transformaciones y facilitar acuerdos para la reconversión laboral. En su presentación también reivindicó el carácter singular del modelo tripartito de la OIT: “Ninguna otra organización del sistema de las Naciones Unidas cuenta con el tripartismo. Se trata de una singularidad de la OIT. Somos la casa del diálogo”.
El camino hacia la elección
Las intervenciones también mostraron distintas aproximaciones sobre el papel que debería asumir la organización dentro del sistema multilateral. Díaz planteó una mayor articulación con otros organismos internacionales, mientras que Houngbo propuso consolidar el papel de la OIT frente a los desafíos tecnológicos y González-Olaechea Franco puso el foco en preservar la ventaja diferencial que supone el tripartismo.
El proceso de elección continuará en noviembre, durante el 358.º período de sesiones del Consejo de Administración de la OIT. El 9 de noviembre se llevarán a cabo las entrevistas con los candidatos y, una semana después, el 16 de noviembre, tendrá lugar la elección. El candidato electo asumirá la Dirección General de la organización el 1 de octubre de 2027.
Los diálogos de este 23 de septiembre constituyeron así una primera instancia pública para conocer las prioridades de las tres candidaturas frente a los desafíos que atraviesan al mundo del trabajo y al propio sistema multilateral.


