El movimiento sindical de las Américas planteó en Roma la necesidad de que los trabajadores participen de las decisiones sobre el desarrollo y la implementación de la inteligencia artificial, en el marco del IV Encuentro Sinodal Fratelli Tutti. La discusión vinculó la transformación tecnológica con el cambio climático, la crisis económica, la protección de los territorios y los desafíos que atraviesan las democracias.
El encuentro reúne a centrales sindicales, organizaciones empresariales, organismos internacionales, bancos regionales, universidades, empresas y comunidades organizadas, con el objetivo de avanzar en una Agenda de Responsabilidad Compartida Norte-Sur. La propuesta contempla seis áreas: inteligencia artificial y dignidad humana; formación para el diálogo socio-ambiental; organización comunitaria y cuidados; juventudes y adicciones; inteligencia artificial y amistad social; y transición energética y protección de los territorios como bien común.

Transición tecnológica: seis proyectos para pasar del diálogo a la acción
Una de las intervenciones centrales explicó que el encuentro representa el cuarto capítulo de un proceso de cinco años, desarrollado bajo la lógica latinoamericana de “ver, juzgar y actuar”. A partir de ese recorrido se conformaron acuerdos entre sectores que habitualmente no comparten espacios y que ahora buscan trabajar sobre problemas comunes mediante el diálogo social y la llamada amistad social.
De ese proceso surgieron seis proyectos: una alianza entre la AFL-CIO y Microsoft para incorporar la voz de los trabajadores al desarrollo de la inteligencia artificial; una iniciativa junto al BID; dos proyectos con la CAF, la OEI y el BID sobre inteligencia artificial y cuidados; un programa de capacitación en diálogo social y negociación colectiva impulsado por la Confederación Sindical de las Américas con financiamiento de la CAF; y una investigación sobre extractivismo y transición energética desarrollada por universidades, empresas de minería y energía y bancos regionales.

Este último proyecto busca generar datos verificables sobre los procesos extractivos y abrir un diálogo sobre la transición desde los combustibles fósiles hacia los minerales críticos, pero incorporando criterios de justicia social. La expectativa planteada es que los avances de estas iniciativas puedan ser evaluados nuevamente dentro de un año.
Para Liz Shuler, presidenta de la AFL-CIO, el eje común es garantizar que los trabajadores participen en las decisiones que definirán el futuro del trabajo. La dirigente sostuvo que los sindicatos no deben quedar fuera de las discusiones sobre inteligencia artificial y advirtió sobre el riesgo de que grandes empresas tomen decisiones que afectan a millones de trabajadores sin su participación. Como alternativa, destacó la experiencia desarrollada con Microsoft para incorporar la voz sindical desde el proceso de desarrollo de la tecnología, junto con garantías, capacitación y formación de nuevas habilidades.
“No resistir a la innovación, no aceptar la exclusión y negociar la transición”
El dirigente sindical Gerardo Martínez, miembro del Consejo de Administración de la OIT y del Comité de Libertad Sindical, planteó que la posición del movimiento sindical frente a la innovación puede resumirse en una fórmula: “no resistir a la innovación, no aceptar la exclusión y negociar la transición”.
Martínez sostuvo que los sindicatos no rechazan la tecnología, pero reclaman participar en la manera en que se incorpora al mundo laboral. “No podemos aceptar que un algoritmo decida por sí solo sobre el empleo, el salario y los derechos que le corresponde a un trabajador o una trabajadora”, afirmó, y remarcó que la transición tecnológica debe ser justa, negociada y con participación sindical. El desafío, sostuvo, no es enfrentar tecnología y trabajo, sino «avanzar hacia tecnología con trabajo digno, productividad, distribución y justicia social».

La discusión también incorporó la dimensión ambiental y el impacto de la inteligencia artificial sobre territorios como la Amazonia. Durante el encuentro se planteó que estas herramientas pueden contribuir a monitorear la destrucción ambiental, preservar ríos y bosques y mejorar la protección de comunidades indígenas, ribereñas y pueblos del bosque. Al mismo tiempo, se remarcó la necesidad de discutir el impacto ambiental de la propia expansión tecnológica.
La discusión sobre los US$5.000 de Trump y la polarización en Estados Unidos
En otro momento de la conferencia, una pregunta vinculó la discusión sobre desigualdad y democracia con la reciente promesa de Donald Trump de entregar US$5.000 a cada adulto estadounidense si los republicanos mantienen el control de la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de noviembre. La propuesta, presentada por Trump como un “dividendo”, generó cuestionamientos sobre su viabilidad, financiamiento y alcance.
Consultado sobre cómo enfrentar la polarización y cuáles deberían ser las prioridades de la sociedad estadounidense, monseñor Daniel Flores señaló que una prioridad de la Iglesia es generar espacios para que las personas pobres y quienes no tienen voz puedan expresar directamente sus experiencias, antes de que se diseñen políticas públicas.

Flores sostuvo además que el objetivo no es “inflamar”, sino promover un discurso razonable sobre el bien común, mediante el diálogo con el Congreso y el Gobierno. La respuesta permitió trasladar al debate del encuentro una preocupación que atraviesa las discusiones sobre democracia, desigualdad y representación: quiénes participan en las decisiones y quiénes quedan fuera de ellas.
La visita de León XIV y el desafío de un nuevo contrato social
De cara a la próxima visita de León XIV a América Latina, que incluirá Uruguay, Argentina y Perú, Gerardo Martínez sostuvo que la transformación tecnológica obliga a trabajadores, empresarios y Estados a discutir “un nuevo contrato social”, porque el impacto de la inteligencia artificial no será solamente tecnológico, sino también económico, productivo, social y político.

“Nadie puede quedar ausente del debate”, afirmó, al considerar que la IA ya está presente y que el desafío consiste en definir cómo se distribuirá el trabajo y cómo garantizar la justicia social frente a estas transformaciones. En ese marco, destacó además el papel del multilateralismo que el Papa impulsa frente a la actual crisis internacional y los conflictos que atraviesan distintas regiones.
El proceso iniciado hace cinco años busca ahora que estas alianzas puedan traducirse en resultados concretos. La apuesta del movimiento sindical es que la transición tecnológica y ambiental no sea definida únicamente por gobiernos y empresas, sino también con la participación efectiva de los trabajadores y las comunidades que deberán afrontar sus consecuencias.

