25 de abril de 2024. | Nº de edición: 1177

El movimiento sindical de las Américas toma la iniciativa y convoca a una jornada para organizar la resistencia y construir la unidad

Por Marcelo Di Stefano.

La historia del movimiento sindical, desde sus inicios durante la revolución industrial, ha cimentado el principio de la «unidad de clase», un fundamento ideológico que se entrelaza con el concepto de «internacionalismo». Este enfoque busca contrarrestar la tendencia inherente al capitalismo de buscar ganancias desmedidas, aprovechándose de su posición de poder para explotar a los trabajadores, sin verse limitado por las fronteras nacionales. Frente al capitalismo global, la respuesta se materializa a través de la unidad y el internacionalismo.

A pesar de nuestra convicción sobre la certeza de las afirmaciones vertidas en el párrafo precedente, reconocemos que esta narrativa no se alinea con el lenguaje de moda en plataformas como Instagram o TikTok. Términos como lucha de clase, sindicalismo y explotación pueden no generar interacción, a pesar de su relevancia histórica. En contraste, observamos que muchos jóvenes de la Generación Z se identifican con un anarco-capitalismo posmoderno, influidos por la frustración y la recesión económica. Este enfoque combina dos perspectivas ideológicas decimonónicas, antes relegadas del discurso mediático, y, de hecho, contradictorias entre sí.

El péndulo constante de la política latinoamericana nos coloca en la era de gobiernos de extrema derecha, caracterizados por el desprecio hacia el Estado, el negacionismo exacerbado, el individualismo como premisa fundamental y una baja valoración de la democracia, los derechos humanos, el republicanismo y el estado de derecho. Figuras como Milei y Bolsonaro representan esta concepción política en el sur, pero al cruzar el Río Bravo lo tenemos a Trump, los retrógrados conservadores del Tea Party y sus seguidores, que, en caso de ganar las elecciones de este año, podría fortalecer a sus aliados del Sur y, sin duda, potenciar el riesgo de llevar al planeta hacia un colapso sin precedentes.

Para abordar este desafío, es imperativo, ante todo, forjar la unidad entre aquellos que, desde diversas perspectivas ideológicas, se oponen a la influencia de la extrema derecha. A partir de esta cohesión, se debe construir un programa común y diseñar una estrategia que pueda comunicarse de manera clara y transformadora a los sectores populares. El objetivo es consolidarse como una alternativa viable para un cambio democrático, desarrollando un gobierno capaz de modificar tanto el modelo económico como el social. Este cambio debe tener la capacidad de revertir el prolongado ciclo de desigualdad y empobrecimiento que ha marcado la realidad en toda la región.

El sindicalismo en las Américas, representado por la Confederación Sindical de las Américas (CSA), ha delineado con precisión su papel sociopolítico, democrático y de clase desde la adopción de la Plataforma Laboral de las Américas (PLADA)[1][2]. Esta plataforma, según Agnistein[3], propone una concepción que parte de la convicción de que el desarrollo no puede equipararse al mero crecimiento económico, no es viable bajo los mismos patrones adoptados por los países del Norte y carece de posibilidad dentro del marco del capitalismo financiero hegemónico.

A partir de esta definición, surge como prioritaria la construcción de articulaciones y alianzas con diversos movimientos y organizaciones sociales, que abarcan desde sindicatos y estudiantes hasta grupos campesinos, feministas, indígenas, afrodescendientes, ecologistas, economía social e informal, entre otros. El objetivo es unir fuerzas basándose en denominadores comunes que puedan ser adoptados como prioritarios por el conjunto. A través de esta colaboración colectiva, se busca emprender primero un proceso de resistencia, al mismo tiempo que se crean las condiciones para defender la democracia y construir una alternativa política sólida.

Siguiendo estas definiciones, la Confederación Sindical de las Américas, en colaboración con otras organizaciones sindicales, entre ellas la Internacional de Servicios Públicos (ISP), el movimiento estudiantil representado por la Organización Continental Latinoamericana de Estudiantes (OCLAE), la Marcha de Mujeres, los Movimientos ALBA, el Movimiento Sin Tierras y la Jornada Continental por la Democracia y Contra el Liberalismo, entre otros, ha convocado a un amplio debate político con el objetivo de organizar una respuesta que emane desde las bases.

La «Jornada Latinoamericana y Caribeña de los Pueblos» se llevará a cabo los días 22 y 23 de febrero en el Centro de Convenciones de Foz de Iguazú, Brasil, cerca de la «triple frontera» con Argentina y Paraguay. Los ejes de debate destacados son los siguientes: el 22/2 abordará el avance de la extrema derecha y las amenazas a la democracia; la crisis del capital, el neoliberalismo y la ofensiva sobre los bienes comunes de los pueblos, como el agua, la tierra y la energía; la ofensiva sobre los derechos sociales, incluyendo la precarización y destrucción del trabajo, y la privatización de la educación y la salud; la hegemonía cultural del capital y la crisis de los valores. El 23/2 se centrará en temas como democracia, soberanía e integración; derechos para unir a nuestros pueblos; trabajo digno, productivo y reproductivo como centro del desarrollo; la batalla de ideas y la construcción de hegemonía.

La coordinación entre los frentes políticos y las organizaciones sindicales y sociales en el ámbito regional estará a cargo de José «Pepe» Mujica, quien ha confirmado su participación. Además, se anticipa un acto de clausura en el cual es muy posible la presencia del presidente Lula Da Silva.

Históricamente, la relación entre los partidos políticos abarcados por el amplio y diverso espectro generalmente conocido como progresista, junto al movimiento sindical y social, ha sido compleja. En el pasado reciente, encontrar el punto de equilibrio entre el respaldo crítico y el respeto por las diferencias inherentes a las responsabilidades de la defensa de intereses a veces divergentes ha sido motivo de conflictos. Sin embargo, en esta coyuntura histórica, es imperativo superar rápidamente las diferencias temporales y establecer una hoja de ruta clara. No cabe duda de que la madurez del sindicalismo en las Américas se pone de manifiesto con esta oportuna convocatoria.

[1] https://csa-csi.org/sdm_categories/plada/

[2] La PLADA fue aprobada en 2014 y actualizada en 2020.

[3] https://biblat.unam.mx/hevila/Nuevasociedad/2016/no264/12.pdf

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