Brasil aprobó una reforma constitucional que pone fin a la escala laboral 6×1 y reduce la jornada laboral máxima semanal de 44 a 40 horas sin disminución salarial. El Senado dio luz verde a la PEC 221/2019 el 14 de octubre, con 75 votos a favor y uno en contra en cada una de las dos votaciones. Como el texto no sufrió modificaciones respecto del aprobado por la Cámara de Diputados, la propuesta quedó encaminada a su promulgación por el Congreso Nacional.
Brasil: la reducción de la jornada laboral llega al Senado bajo presión sindical
La implementación será gradual. Dos meses después de la promulgación, el límite semanal bajará de 44 a 42 horas y deberá adoptarse la escala 5×2, con cinco días de trabajo y dos de descanso. Doce meses después, la jornada máxima se reducirá a 40 horas semanales. Durante la transición, los salarios no podrán reducirse. La reforma representa el primer recorte del límite constitucional de horas semanales desde 1988, cuando pasó de 48 a 44 horas.
Menos horas de trabajo y una nueva etapa para la negociación colectiva
La Confederación Nacional de los Trabajadores de Empresas de Crédito (CONTEC) respaldó la aprobación y destacó la garantía salarial. Su presidente, Lourenço Prado, afirmó que “reducir la jornada sin reducir los salarios es reconocer que quienes trabajan también tienen derecho al descanso, la salud, la familia y su propio tiempo”.
El dirigente también sostuvo que los avances tecnológicos y las ganancias de productividad deben traducirse en una mejor calidad de vida. David Zaia, secretario general de CONTEC, señaló que la reforma abre una nueva etapa en las relaciones laborales y advirtió sobre el papel que tendrán los sindicatos durante la implementación. “La negociación colectiva seguirá desempeñando un papel fundamental en el seguimiento de esta transición”, afirmó, al plantear la necesidad de considerar las particularidades de cada sector sin perder derechos laborales.
La enmienda permite, además, que la distribución de las horas y los descansos se ajuste mediante convenios o acuerdos colectivos, dentro de los límites establecidos por la nueva norma. Su aplicación concreta será relevante para sectores con modalidades de trabajo diferentes, donde la organización de los turnos y la cobertura de los servicios pueden generar disputas sobre cómo distribuir la jornada.
La disputa política por el futuro de la reforma
La aprobación también reavivó el debate sobre propuestas alternativas para flexibilizar las relaciones laborales. La Central Única de los Trabajadores (CUT) cuestionó la posición de Flávio Bolsonaro, quien anunció que votaría a favor de terminar con la escala 6×1, pero, según una información publicada por Folha de S.Paulo, habría comunicado a aliados y empresarios su intención de revisar aspectos de la reforma si llega a la Presidencia.
Según ese reporte, entre los cambios considerados figura ampliar la negociación directa entre empleadores y trabajadores. La CUT advierte que ese modelo podría debilitar la negociación colectiva y permitir esquemas de jornada flexible con remuneraciones proporcionales a las horas trabajadas. La central contrapone esa posibilidad a la PEC 221/2019, que establece una reducción general de la jornada sin recorte salarial.

La diferencia entre ambos modelos está en las garantías: mientras la reforma aprobada fija límites de jornada y preserva los salarios, la alternativa cuestionada por la CUT prioriza una mayor flexibilidad y abre la discusión sobre la proporcionalidad de los ingresos y beneficios.

